Octavio Uña estudia a Paz y Moya en «De conceptos, lenguajes y metáforas»

El sociólogo señala que la poesía «es revelación: nos muestra este mundo y nos entrega a otro muy distinto»

Jesús Hernández.

Sociología y poesía. Sociología poética. Octavio Uña publica «De conceptos, lenguajes y metáforas: Carlos Moya y Octavio Paz», estudio que se acoge al volumen-homenaje al primero, que edita el CIS con el título general «Lo que hacen los sociólogos». Es un análisis sobre la palabra y su significado, la lírica y su símbolo trascendente y utópica, la literatura que no es mensaje, la creación que habla de libertad y redención. «La poesía es revelación: nos muestra este mundo y nos entrega a otro muy distinto. Ella es, por antonomasia, la abridora de mundos», escribe el zamorano. «Y es igualmente irreductible e intraducible a cualquier otra experiencia. Entre la revolución y la religión, entre el discurso y la acción sobre el mundo y la creencia», añade, «ella es la «otra voz». Cercanísima a lo sagrado, pero no se confunde con la experiencia de la religación y la supremacía de lo santo».

Uña Juárez, catedrático de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos, considera que la literatura «no es tan sólo lengua. sino «un sistema significante y un mensaje».Y la poesía, por el contrario, «diálogo y encuentro». Octavio Paz aparece como «un hombre atado inexorablemente a la palabra, su epifanía y cántico. Hace festín, lúdica y convivio el término, la voz, el discurso poético». Palabra, diálogo, silencio. «Contra el bullicio, también contra la soledad y el silencio, levanta el poeta la palabra, que en ella va su misma libertad, que es mismidad y alma». La palabra «redime a su creador del aislamiento, de la soledad, de la alienación y de la dilusión». Las palabras. Y el autor mejicano invita «a darles la vuelta, cogerlas del rabo, azotarlas, inflarlas, pincharlas, darles azúcar en la boca, secarlas, caparlas, pisarlas, desplumarlas, destriparlas, amaestrarlas». Además, ellas «inauguran siempre, definen la realidad, dicen las verdades». El poema: «libertad creadora, ocio purísimo». Y el «universo octaviano» es «muy rico». El poeta -lo califica como oferente, artesano, demiurgo- «camina de la soledad al diálogo y al encuentro». Para él, «nunca dice verdades sociales, verdades que la sociedad pueda aceptar o digerir: toda sociedad niega a sus poetas. Después, les levanta monumentos».

Como se trataba de hablar de y con Carlos Moya, «sobre la palabra, perdurable aliento, salvadora de lo humano y reino de la identidad», el zamorano señala que el sociólogo «advierte y combate, casi oracularmente, contra las «grandes palabras» que han presidido los dos últimos siglos en el proceso modernizador (nación, Estado, sociedad civil, sociedad burguesa, sociedad global, sistema social). El sabe que «el más peligroso de los bienes» es el lenguaje». Tales aseveraciones se refieren a las «perversiones» de aquél «por parte de la ideología, el poder y la tecnocracia en esa nueva formación sociopolítica que Moya califica de continuo y peyorativamente como «la omnipresente identificación actual entre democracia y mercado de masas»». Carlos Moya, que ocupó el decanato de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, «domina con destrezas varias el lenguaje y lo hace lucir en la forma del ensayo». También Octavio Uña Juárez.

Octavio Uña y Alfredo Hernández Sánchez dirigen un nuevo «Diccionario de Sociología»

La obra de los zamoranos, que cuenta con la colaboración de doscientos especialistas de varias universidades, recoge información acerca de 1.700 términos

Jesús Hernández

Dos profesores zamoranos, Octavio Uña y Alfredo Hernández -catedráticos, respectivamente, de las Universidades Rey Juan Carlos y de Valladolid-, publican un monumental «Diccionario de Sociología», que saca a la luz ESIC Editorial. Los directores del trabajo, de 1657 páginas, han coordinado a un amplio equipo de expertos. Más de 200 autores colaboran en este volumen, que recoge información acerca de 1.700 términos «procedentes del vasto campo de los estudios sociales».

El diccionario, que pertenece al «idioma de la memoria», recoge la cultura científica y, también, la humanística. Para los directores, la sociología «ha conocido a lo largo de los últimos años un desarrollo extraordinario, tanto en el orden académico-institucional como en sus manifestaciones evaluables por indicadores bibliométricos». Y, tal es el propósito de Uña Juárez y de Hernández Sánchez, la obra «se encuadra en tal contexto», dado que intenta «suministrar definiciones y descripciones» , tanto conceptuales como metodológicas, pues -se trata de algo común a las ciencias sociales- «se han visto sometidas a profundos cambios». Los experto constatan que no pocas tradiciones sociológicas, vinculadas a manuales y obras enciclopédicas aún en uso, han quedado obsoletas». Y, a la vez, han surgido «nuevas modas, discursos y lenguajes en la investigación». En el prólogo, se afirma que todas las escuelas de la sociología «están representadas» en el diccionario. Eso ha sido posible por «el esfuerzo coordinado de un importante número de profesores e investigadores», que pertenecen a «casi todas las Universidades españolas y un buen número de centros de alta investigación».

El volumen presenta los «conceptos propios de la sociología y, además, de «disciplinas afines», como son la historia, la antropología, la política, el derecho, la filosofía, la economía, la demografía, la psicología y la lingüística. «Nuestra finalidad ha sido reflexionar sobre las orientaciones científicas que hoy concurren en la sociología». No sólo eso. Otro objetivo fue la reflexión acerca de «los autores y colaboradores de las áreas sociales de más relevancia e influencia en la investigación sociológica contemporánea». Y entre los colaboradores del estudio se hallan varios profesores zamoranos, como Angel Infestas, José María Calvo Andrés o Luis Díaz Viana, quienes realizan, en algunos casos, las fichas de varios términos. Abdel Rahman Ibn-Jaldún, historiador y sociólogo árabe (1332-1406), es el primero. Y Xavier Zubiri (1898-1983), discípulo de Ortega y Gasset, situado en la filosofía pura, cierra alfabéticamente el volumen. Entre uno y otro, términos que hablan de conceptos y de personas. De ideas.

Octavio Uña y Alfredo Hernández son quienes aparecen con más entradas, quienes realizan más artículos. Se ocupan de muchos conceptos y autores. Los demás zamoranos analizan cuestiones como el agente social, la asociación, la comunidad, el cooperativismo, la decisión, la dominación, el establecimiento, la institución social, las ONGs, la Organización Científica del Trabajo, la organización social, la sociedad postindustrial y la solidaridad (Angel Infestas), el agnosticismo, el antropocentrismo, Gastón Bachelard, Henri Bergson, Cornelius Castoriadis, la discusión metodológica, Leszer Kolakowski, Schopenhauer y Palmiro Togliatti (José María Calvo Andrés). No son los únicos. Luis Díaz Viana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, figura con cuatro entradas: Popular, Sacrificio, Tradición y Arnold Vangennep. Y Angel San Juan Marciel, con una: Estructura social.

Cursos de verano dedicados a cuestiones sociales como la inmigración

Octavio Uña Juárez, catedrático de Sociología, ensayista y poeta, no para. Así, dirigirá los Cursos de Verano -los programados para el mes de julio- de la Universidad Rey Juan Carlos, que se dedican a las «Imágenes de la inmigración. Movimientos de población, fronteras y comunicación». Se desarrollarán del 26 al 30 de este mes. Entre los ponentes, se hallan los profesores Concepción Escolar, Manuel Mella, José Carlos García Fajardo, Milagros Velasco Ortega, Roberto Barbeito, Benamar Yamal, Pedro García Bilbao y Ana Martínez Pérez, los periodistas Rafael Fraguas y Estanislao Ramírez Barjacoba. Está previsto que la clausura sea efectuada por Juan Fernando López Aguilar, ministro de Justicia.

Cuestiones como el estatuto de los extranjeros, las migraciones en la Unión Europea, la globalización y las fronteras, la inmigración y el voluntariado social, el periodismo como herramienta de diálogo entre las civilizaciones o la representación del inmigrante en el imaginario colectivo aparecen como puntos a estudiar, a debatir. La Fundación «Universidad Rey Juan Carlos» destaca que los medios de comunicación «juegan un papel central en el proceso de construcción simbólica de la vida». Para los organizadores, el diálogo intercultural «es presentado en los medios a partir de los conflictos», algo que da lugar a un olvido del diálogo entre «culturas y tradiciones». Eso propicia «desconocimiento y rechazo».

«Estaciones de abril» reúne la obra lírica de Octavio Uña en una antología

Los poemas, pertenecientes a una decena de libros y a un volumen inédito, están definidos por el culturalismo y el populismo

Jesús Hernández.

Son medio centenar de poemas -algunos, divididos en varias secciones- ya publicados y, como epílogo, algunos inéditos, pertenecientes a «Puerta de salvación», libro que pronto verá la luz. Unos y otros, constituidos por ese ritmo sobrio, dotados de esa mezcla bien aderezada de culturalismo y populismo. Esto es: «Estaciones de abril», antología de la obra lírica del zamorano Octavio Uña, que, editada por la Universidad Rey Juan Carlos y Dykinson, será presentada hoy en el Aula de Alianza Hispánica -se halla ubicada en el madrileño «Barrio de las Letras»-, con la intervención de Santiago López Navia, vicerrector de la Universidad SEK y escritor; Manuel Quiroga, crítico literario y poeta; Sergio Macías, escritor chileno; Enrique San Miguel, profesor Titular y director del Servicio de Publicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos.

Una decena de libros, datados entre 1976 y 2003, conforman la antología. Aparecen poemas de Escritura en el agua, Antemural, Usura es la memoria, Ciudad del ave, Labrantíos del mar, Cantos de El Escorial, Crónicas del océano… Y, verdaderamente novedoso, se recogen los versos de esa «Puerta…». Uña Juárez explica, en su «Poética», su concepción del hecho creador. «Pensar y poetizar, indivisible y grave oficio. De tal adolescencia y juventud cautiva naciera una mirada al mundo cifrado de las cosas desde la nostalgia, el recuerdo creador y el ensueño. Caminaba el poeta a la búsqueda de lo imaginario. El oficio de poetizar tornábase recuerdo, escultura de los juegos de la memoria». El catedrático de Sociología y director del departamento de Ciencias Sociales, con ejercicio en la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), se refiere a la palabra poética: «en su humildad un mundo cabe. Ella era la gran morada, el ámbito de la libertad, la salvadora. El poeta viajó también por los costados del mundo, midió por propio pie la vieja piel de Castilla». Sabe que la poesía «dice del primer día y punto cero de las cosas, de una permanente despedida, de una estancia en la luz, en un avivamiento y traslación cálida de la realidad más allá de sí misma». Y sabe, también, que la lírica «dice de la biografía de un tiempo y hora, y se quiere contraindicante, debeladora e infundiendo eternidad al tiempo».

La memoria (que siempre es memoria de lo antiguo) y la contemplación de la existencia, lo culturalista (ese mundo clásico, tan vivo en él) y a veces lo populista, la confesión y la concentración expresiva. La poesía amorosa (¿más platónica que lo otro?) y el cántico (¿elegiaco?) del viejo solar castellano, la melancolía sin desengaño y la luz con celajes. Así es la poesía de Octavio Uña. Las palabras liminares de Leopoldo de Luis lo expresan bien: «Las visiones geográficas y las emociones biográficas».

Emilio Blanco, que se ha encargado de la edición de «Estaciones de abril», recuerda la definición ya clásica del zamorano: es un «hombre de múltiples saberes». Pero él se queda, y se fija, en uno: el poético. «Creo que se podría comparar a Octavio Uña con los humanistas del Renacimiento, hombres también de múltiples saberes, que supieron apreciar el valor de la poesía como método de conocimiento, como medio para comprender una realidad que no se deja asir fácilmente por la vía racional, lógica; hombres que recurrieron a las artes de la palabra para iluminar esa realidad que no se deja aprehender por el método del pensamiento»… Múltiples e iluminadores saberes.

El Ramos Carrión acoge la presentación del libro de homenaje a Octavio Uña

El acto del viernes contará con la participación del presidente de la Diputación de Zamora

Natalia Sánchez

El Teatro Ramos Carrión de Zamora acoge la presentación del libro de homenaje a Octavio Uña “Intellectum valde ama”. Ama intensamente la inteligencia”, que recoge en tres volúmenes más de 300 intervenciones de profesores, escritores, poetas y autoridades académicas sobre Ciencias Sociales y sobre la vida de este profesor y escritor zamorano.

En el acto, el viernes 20 a partir de las 20.00 horas, tomarán parte el presidente de la Diputación Provincial de Zamora, Francisco Requejo, el profesor de Lengua Antonio Lera que desgranará la intensa relación del intelectual con la provincia, mientras que el coordinador de los volúmenes, Rafael Lazcano hablará del proyecto. Por su parte el profesor de Literatura Manuel Ángel Delgado analizará la creación poética del zamorano y el catedrático de Ciencia Política y de la Administración, José Manuel Canales, ahondará en la faceta profesional de Uña. A continuación, el propio Octavio Uña declamará algunos de sus poemas vinculados con Zamora y cerrará la presentación, Francisco Requejo.

Octavio Uña atesora una dilatada trayectoria profesional. Tiene en su haber cinco licenciaturas. Ha trabajado en múltiples universidades tanto de España como en el extranjero. Sus líneas de investigación comprenden la sociología del conocimiento y de la comunicación, la sociología de la cultura, la literatura y el arte así como la teoría sociológica. A los textos académicos se unen más de una docena de poemarios entre los que figuran “Castilla, plaza de soledades” o “Puerta de salvación”.

Octavio Uña ofrece una visión plural sobre Castilla y el mundo en «Crónicas del Océano»

El escritor y catedrático de Sociología presenta unos poemas cultistas y de viajes, que sin embargo aparecen despojados de todo lo innecesario

Jesús Hernández .

Plural en sus universos. El sociólogo y ensayista de actividad e investigación incesantes nos había hecho ¿olvidar? al poeta. Al que, como profeta, fue primero de todo, al que estuvo en el origen de la labor creadora. Octavio Uña Juárez publica «Crónicas del océano», coedición de la Universidad Rey Juan Carlos y Dykinson.

Son cinco secciones, que a veces se subdividen. Y son 93 poemas, de variada extensión. El autor zamorano, catedrático de Sociología, es autor cultista. Su amplia formación (muchos estudios, muchas licenciaturas, muchos doctorados; además, muchos viajes, muchos encuentros, muchas lecturas) sale a relucir, una y otra vez, en los textos. No abunda el verso largo. Sólo, excepcionalmente, aparece en «Al sur del sur».

En los últimos tiempos, su producción, tan amplia en géneros y obras, se había orientado hacia el pensamiento y el ensayo. Sin embargo, su creación lírica, que ha se halla traducida a varias lenguas, incluye libros tan interesantes como el iniciático «Escritura en el agua» o «Puerta de salvación». Entre uno y otro, éstos: «Edades de la tierra», «Antemural», «Castilla, Plaza Mayor de soledades», «Usura es la memoria», «Mediodía de Angélica», «Ciudad del Ave», «Labrantíos del mar y otros poemas».

Luis Alberto de Cuenca, autor del prólogo de «Crónicas…», define al zamorano como «hombre de múltiples estudios y dilatados saberes». Dicho eso, entra en materia: «La poesía de Octavio Uña es portadora de una visión plural. Esa visión se vuelve hacia su tierra castellana y se abre también hacia horizontes universales. Tiene raíces tradicionales y no deja de ser radicalmente cosmopolita». Así es. El prologuista resalta, en otro momento, que Octavio Uña «sabe describir la intimidad del alma lo mismo que el alma pública y sonora de las ciudades». Y presenta «un libro abierto a la variedad y a la inmensidad».

Uña Juárez es un hombre de muchas culturas. Y conoce a la clásica, tan necesaria, aunque sea despreciada por los ignorantes, desde aquellos días de El Escorial, cuando la existencia sólo era el estudio y el estudio sólo era perfección. «Es el ejemplo de un modo de ser particular y especialmente necesario: El del erudito enamorado de la vida. En él se conjugan los temperamentos aventurero y reflexivo». Disfruta con el estudio tanto como con el ocio viajero. Y lo transmite. Es una pasión.

«Crónicas…», sin perder su ruta de mares donde la cultura viene desde la Antigüedad, también constituye un singular libro de viajes. Con poemas que hablan de la verdad que aparece bruñida por el sol lejano, ése que es el que más luce, el que más alumbra. El que despeja las sombras. Y utiliza, en algunas ocasiones, una poesía «quintaesenciada»: Despojada de todo lo innecesario, de esa hojarasca de falsa belleza. Desnuda y sobria. Reflexiva y verdadera. Siga la Ruta de las Especias o el pensamiento de Mío Cid contemplando la mar serena, viaje a Venecia o se plante en Estambul, embarque en Alejandría o recale en Melbourne, aparezca el fieramente tierno Don Quijote o la estatua de la diosa de cuerpo exuberante, Adelaida o El Cairo… Deja para el final esa sección que da título al libro: «Crónicas del océano»: 24 poemas. Versos con ritmo reposado, para que el lector deguste con más intensidad la emoción. Esa emoción que invita, siempre, a la reflexión.

La bibliografía de Octavio Uña Juárez reúne una decena de títulos poéticos. Y dos características aparecen, visiblemente, en el discurso lírico: La castellanía (le emociona esa causa) y la observación de los ignoto. Desde el principio. Las tierras donde está su origen forman el humus germinador para su recuerdo y para su creatividad: Por el abandono institucional, la humillación, la soledad. Con el sueño del mar lejano. Si pudiera labrarse, hacerse surco recto en línea hacia el horizonte… La mirada a lo lejos: Esa gran ventana que destierra las tentaciones de encastillarse en lo propio y anima al conocimiento de lo ajeno.

El último libro del profesor-escritor zamorano, con amplio ejercicio docente, reúne otra singularidad: Conoció una edición muy reducida y no venal, que sufragó el Ayuntamiento de Zamora, durante la época de Antonio Vázquez. Su difusión fue escasísima. Las instituciones, que tanto elogian-utilizan a la cultura, que se pirran por inaugurar proyectos, acostumbran a amontonar los volúmenes en cualquier estancia, y allí pueden dormir el sueño de los justos. Eterno. Ahora se recuperan muchos de aquellos poemas, en la realidad, como inéditos. ¿Es el mismo libro? Sí. ¿Es distinto libro? También.

Uña Juárez, que nació aquel «año del hambre» (1945) en Brime de Sog, cuando los estraperlos de valores, posee una obra plural: Ensayos sobre Jaspers o la comunicación y la libertad y, también, versos limpios y sonoros. Es un liberal irónico, un academicista que gusta de los populismos. Un tipo quieto en su sosegada inquietud. La escritura, lo sabe, «es signo contra la muerte». No ignora, tampoco, que la humildad puede ser el camino más corto para alcanzar la verdad. Por eso indaga y participa. Porque estamos, siempre, entre la voluntad y el destino.

«Crónicas del Océano», de Octavio Uña

El poeta zamorano ha presentado su último libro en San Lorenzo del Escorial

Ángel Las Navas Pagán

Es el último libro de poemas de este fecundo poeta, extenso escritor científico…, gran maestro de la pluma y de la palabra. Eminente filósofo y estudioso de la vida humana en sus diversas facetas. Es uno de los hombres más doctos y preparados intelectualmente que tenemos en España. Yo lo comparo en muchos aspectos con Ortega y Gasset.

El historial académico de Octavio Uña con sus cinco carreras con doctorado «cum laude» es formidable. Su dominio del latín y del griego y de su vasto mundo cultural, base de nuestra actual civilización, es impresionante. Así mismo es un eminente conferenciante y gran comunicador, conocido y admirado en muchos países de nuestro planeta. Ampliamente conocido también como catedrático en las Universidades de Castilla-La Mancha, de Madrid y de Castilla y León. Y como profesor invitado de varias de Europa y América.

Hace unos días asistimos en el literario y seductor Cafetín «Croché» de San Lorenzo de El Escorial, junto al Monasterio, a la presentación de un libro de nuestro común amigo el autor de teatro y escritor Germán Ubillos (las memorias de su vida), cuyos oficiantes fueron Octavio Uña y Carmen Resina, autora teatral. El acto se desarrolló en un ambiente hondamente evocador de las viejas reuniones literarias. Y, durante el mismo, Octavio me dio su último libro de versos: «Crónicas del Océano», que he leído con fruición. Octavio resulta siempre una insospechada caja de sorpresas.

Ahora es nada más y nada menos que el inmenso océano, con todos sus mundos de misterio y fantasía, el que acapara su inspiración.

Su verso grácil, saltarín, expresivo, indagador, sugestivo, escueto…, que trasluce ideas, ensoñaciones, evocaciones, recuerdos, quimeras…, que tiene el mar como fondo. Porque el océano ha ejercido siempre enorme fascinación en el ser humano, desde los primeros tiempos, por su grandiosidad, belleza, enigma, constante sorpresa por múltiples motivos y terror cuando se enfurece, aparte de sus grandes posibilidades para el progreso.

En resumen, «Crónicas del Océano» es un canto en verso a toda la maravilla que encierra esta palabra, que nos deja en la mente la inconmensurable belleza y omnipotencia del Sumo Hacedor.

El libro lleva un magistral prólogo del eminente Luis Alberto de Cuenca.

«Sociología y comunicación» de Octavio Uña

El libro, recientemente publicado, tiene un relevante interés para estudiantes e investigadores

Ángel Las Navas Pagán

Recientemente se ha publicado este libro de relevante interés para los estudiantes, estudiosos e investigadores de esta apasionante Ciencia, surgida como tal entre los siglos XVIII y XIX y que tanta importancia tiene para el desarrollo y conocimiento de la sociedad y sus fines. El conocido catedrático Octavio Uña Juárez es un gran estudioso, hondo conocedor e investigador de la Sociología que, como dice el diccionario Espasa-Calpe, es la ciencia que trata de las condiciones de existencia y desenvolvimiento de las sociedades humanas. Su concepto y extensión abarca todo lo relacionado al fenómeno social y sus leyes. También ha sido llamada ciencia social, ciencia de la sociedad humana, ciencia de las cosas humanas, filosofía social, filosofía sociológica, filosofía civil y política, biología social, física social, fisiología política, etc. Y como nos dice el citado diccionario, es una ciencia positiva en constante desarrollo en nuestros días, pero, como reflexión sobre la realidad social, que tal es su verdadera esencia y naturaleza, tuvo sus precursores en la antigua Grecia desde Aristóteles en adelante. El filósofo francés Augusto Comte la impulsó con su tratado «Philosophie positive» publicado en París en 1839. Evocando al gran Ortega y Gasset también podríamos expresarla en la frase: «el hombre y su mundo social».

El prolífico escritor científico Octavio Uña, de prestigio y fama internacional y autor de numerosos libros de especial interés, tiene cinco carreras todas con doctorado «cum laude». Y también es un insigne poeta con una valiosa colección de versos publicados, que han obtenido señalado éxito. Ha ganado importantes y diversos premios. Distinguido colaborador de revistas científicas españolas y extranjeras. Gran conferenciante internacional. Y eminente profesor de diversas universidades de varios continentes.

Empezó siendo un joven y brillante profesor de Bachillerato en el colegio de Alfonso XII de San Lorenzo de El Escorial, para pasar pronto también de profesor a la Universidad de María Cristina del mismo Real Sitio. Siendo ambos centros con sus extensas bibliotecas y trayectorias la proyección y lanzamiento de una gran vocación intelectual y científica, que le ha convertido en un extraordinario y amplio humanista en la línea de los muy relevantes Benito Arias Montano y José Ortega y Gasset entre otros.

Su poesía sigue la línea clásica abierta al modernismo. Y como pensador y escritor científico tiene un claro estilo de hombre del Renacimiento por un lado y, por otro, de los grandes filósofos de la época contemporánea. Sin olvidar a los grandes maestros del mundo antiguo, entre ellos a San Agustín. Es un placer leer sus libros y escuchar sus conferencias por la mucha sabiduría que encierran.

Recientemente también ha aparecido, publicado por Editorial Universitas, S.A., como el anterior, otro libro del mismo autor en colaboración con el profesor Antonio Martín Cabello, titulado: «Introducción a la Sociología», que es un magistral y amplio compendio para conocer y adentrarnos en esta ciencia, cada vez más importante por sus muchas enseñanzas en el complejo y laberíntico mundo de hoy, tan necesitado de sabias orientaciones y potentes faros de luz en aras de una sociedad en paz, más justa, próspera y venturosa.

Los versos luminosos de Octavio Uña

Buena parte de la poesía del zamorano está escrita al socaire de sus innumerables viajes

Gerardo González

Confieso que estoy atrapado por dos marbetes al escribir sobre Octavio Uña: ser un buen amigo y zamorano. Por lo demás, estoy a muchas leguas de una de las personas más lúcidas que andan por el suelo patrio y parte del extranjero. Lo hace con humildad y una rebosante humanidad propia de los verdaderos sabios, a pesar de que posee cinco licenciaturas y un premio extraordinario de Doctorado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Es miembro también de más de una veintena de asociaciones científicas españolas y extranjeras. Participa con especial entusiasmo y generosidad en los actos culturales que se desarrollan en la Casa de Zamora en Madrid.

Y, además, Octavio es un exquisito poeta. El Grupo Sial-Pigmalión ha presentado en la Feria del Libro de Madrid su obra poética titulada «Iluminaria. Poesía reunida (1976-2017)» en un volumen de 1.129 páginas. Son muchas páginas, por supuesto, pero no sobra ninguna para saborear una producción poética de altos y luminosos vuelos. Vi a Octavio en la Feria del Libro firmando ejemplares, me acerqué, nos saludamos cordialmente y, naturalmente, adquirí esta obra, que me dedicó con mucho afecto.

Octavio Uña Juárez nació hace 71 años en Brime de Sog, un pequeño pueblo asentado en el valle de Vidriales. Rebasaba entonces los 500 habitantes; hoy no llega a 150. Se fue muy joven a los agustinos y allí bebió en los manantiales del saber escurialense y percibió el aroma de los fresnos, las encinas, el enebro, el majuelo, el endrino, la jara, la retama? Pero no le distrajeron de su pasión por degustar a los grandes escritores griegos, latinos y españoles. Entre libros y flora acumuló una sólida cultura, que ha sabido combinar con una creación poética original; por eso, como señala en el prólogo de la obra Elías Rodríguez Díez, «hay un poso de penetrante reflexión de los pensadores de todos los tiempos en el trasfondo de sus versos».

Buena parte de la poesía de Octavio está escrita al socaire de sus innumerables viajes por varios continentes para compartir saberes y sensibilidades. Ha navegado por muchos mares y los ha cantado en un poemario titulado «Crónicas del Océano». Además de sus valores poéticos, descuella en esta obra su esmerada presentación. Buen ropaje para cuerpo tan gallardo. Y es bueno que la poesía no ande casi siempre mendigando mejor papel y decente impresión. A la poesía hay que vestirla de gala, porque, a la postre, es belleza en estado puro. Magníficas las láminas de José Luis Galicia, sobrino del poeta tabarés León Felipe y primo del torero mexicano Carlos Arruza. José Luis Galicia es pintor, escultor, poeta, cineasta y muchas más cosas. Adornan sus murales catedrales como Nuestra Señora de la Almudena y sus ilustraciones enaltecen los versos oceánicos de Octavio Uña.

Castilla asoma en «Iluminaria» con galanura, porque a esta tierra que le vio nacer Octavio Uña «la ha cantado, llorado, soñado, descrito y, sobre todo amado», como muy bien subraya el prologuista. Sus versos castellanos no solo se leen con fruición, sino que se beben con deleite, como el soleado y bien cuajado vino toresano, que el propio Octavio ensalza: «Vete con Dios, amigo, y que te den en vino / el peso de tus pasos. / (Tira la piedra con el llanto al río, / que el Duero entrega al mar lágrima y pena). / Vete con Dios del vino: / tuvo dicha y color el vidrio en Toro».

Un extraordinario y oportuno volumen del itinerario poético de Octavio Uña, tan sabio como luminoso vate zamorano.

La sociología de Octavio Uña

Jesús Hernández

A Octavio Uña le oí hablar cuando le hicimos en Zamora un homenaje a Eloy de Prada, cuya muerte lamentamos, que fuera un vecino insobornable de la Casa de Zamora en Madrid. Sus palabras fueron como un cuadro sociológico de Zamora. Cada pueblo tenía su referencia exacta y su color propio, su libro de poemas, un recorrido lírico por diversos lugares del mundo fue para nosotros como el escaparate de una oficina de viajes. Cada poema era como un cartel turístico a todo color que inevitablemente provocaba la tentación de visitar esa ciudad. Como frecuentemente, se equivocaba la paloma de mi fantasía porque Octavio Uña no es sólo un poeta sino un hombre de creencia para quien la sociología es fundamento de la poesía, razón de pasión.

Creo que la sociología es terreno propicio para todas las técnicas mentales de la solidaridad que incluye como uno de los factores esenciales el de la compasión. El zamorano es por naturaleza compasivo y, por ello, hospitalario. El espíritu de solidaridad en el ser zamorano está instalado en la conciencia del pueblo facilitando su convivencia. Así, donde quiera que se halle o nos encontremos con un zamorano sabemos que estamos o volvemos a Zamora, y en la medida en que el hombre progresa comprende los objetivos reales de la sociología. Esta es la razón por la que el Instituto Ciencia y Tecnología, en el que Octavio Uña ha pronunciado sendas conferencias, estos objetivos se enmarcan bajo el enunciado de «Creadores y mecenas para la convivencia».

Con distintas aportaciones científicas, Octavio Uña ha realizado un estudio riguroso del proceso de construcción de la ciencia de la sociología analizando las diversas contribuciones, a lo largo de la historia de la cultura, a este proceso, pormenorizando las bases de sustentación de esta disciplina según las teorías de sus fundadores; y ésta, y no otra, fue la tesis de un discurso, que fue una descripción de la realidad de la convivencia de Zamora en su diversidad, una exaltación de su cultura cívica común que se deriva del hecho de vivir sin ostentación pero humanamente.

Quiero subrayar en Octavio Uña su dinamismo ético, del cual son testimonio tanto sus trabajos científicos como su obra literaria. Cultura es para él lo que afirmaba Unamuno, «el reino de Dios aquí abajo», la plena convivencia de sus diversas zonas, así en la provincia como en el globo, y por eso la asignatura que explica este maestro zamorano tiende a desvelar una sociología estética.

La sociedad zamorana es una comunidad desatendida por los poderes públicos, cuyo espíritu de solidaridad se basa en una realidad tanto geográfica como económica y espiritual, en la que la herencia ética produce en su medio ambiente equilibrio y moderación. El empeño social en Zamora más que ideológico es productivo y piensa en sus posibilidades que son muchas y no todas exploradas, pero se va en esa dirección y hay que reconocer que a Zamora se la conoce y se la admira no sólo por la riqueza de su patrimonio románico sino también por sus galletas, sus viñedos y sus quesos.

Octavio Uña y Zamora

Un hombre que conserva intacta su pasión por esta tierra, que vive en sus poemas

Antonio Lera

Me pide mi buen amigo Octavio que redacte unas líneas sobre su persona y, especialmente, en lo que atañe a su relación con Zamora. Es una tarea que confieso que me resulta muy grata, no solo por la amistad que me une a él, sino también por los buenos ratos que hemos compartido y sobre todo por el profundo respeto que le guardo.

Nace Octavio en 1945, en un pueblecito del norte de Zamora, en tierra de nadie, entre los Valles del Tera y Vidríales y la Carballeda, llamado Brime de Sog, bendito por sus viñas y sus pozos artesanos. Sus vinos son cálidos y deliciosos al paladar. El agua en Brime es una auténtica bendición, aflora a raudales sin necesidad de artilugios como cigüeñales y norias por un simple tubo de hierro. De modo que el pueblo abunda en lo que allí llamamos «pozas», grandes charcas que le dan un sorprendente aspecto lacustre.

Yo nací en San Pedro de Ceque, a tres kilómetros escasos de Brime, de donde es mi padre y toda su familia, y por ello mi infancia transcurrió a caballo entre los dos pueblos. Desde entonces conozco a Octavio. ¿Te acuerdas?, en alguna ocasión fuimos a la escuela juntos, me llevas un mes. Un recuerdo imborrable de aquella temprana época son las letras góticas que nos enseñaba a dibujar el maestro. A ti y a mí no se nos daba muy bien, pero nuestro común amigo Antonio Barrón era un auténtico artista.

También recuerdo aquellas alborozadas incursiones por «Carricueva» a la búsqueda de nidos y lagartos. Pero lo que ha quedado grabado en mi memoria con caracteres indelebles son aquellos momentos en que nos juntábamos en la alameda a contar cuentos. Ahí tú eras un experto. Nos tenías en vilo con inverosímiles relatos truculentos de ogros y brujas, y serpientes que al dispararles se convertían en polvo para no dejar rastro. Ya apuntabas maneras de poeta.

Después, 11-12 años, llegó lo inevitable: la temida diáspora. Tú a los Agustinos, yo a los de la Salle. No había otra opción, decían nuestros padres, si queríamos apartarnos del arado y de la hoz. La verdad es que nuestros padres acertaron. Fue muy duro, pero también una magnífica oportunidad que encauzó nuestras vidas por derroteros insospechados.

Nos reencontramos, ¿10 años más tarde?, soy torpe para las fechas, en el Escorial, fachada del medio día, Jardín de los Frailes. Conservo, como oro en paño, fotos de aquel augusto momento. Y cómo no, nos las hizo Antonio Barrón, mi inseparable amigo, que tanto me ayudó en aquellos duros tiempos de pensión, trabajo y estudio.

También de ese día guardo un recuerdo imborrable. Yo andaría por COL). Tuvimos tú y yo una conversación que sin darnos cuenta derivó en la filosofía, concretamente en la alemana del siglo XIX. Me dejó fascinado tu conocimiento de esta materia. Citabas con una erudita displicencia a Kant, Hegel, Husserl, Schopenhauer… Te revelo un secreto: me cayó en el examen final. Aproveche todas tus explicaciones. Saqué muy buena nota.

Ya mucho tiempo después, seguimos manteniendo la amistad, aunque, bien a nuestro pesar, a distancia. Pero lo que ambos conservamos de manera inmarcesible es nuestra pasión por la tierra, por ZAMORA, yo viviendo en ella, él dedicándole mimo y cariño en sus poemas. Zamora, Toro, Sanabria, el Duero, el Tera…, son motivos recurrentes en sus poemas. Los ensalza o los lamenta, o le duelen, o los añora, siempre con sentimiento profundo y sincero.

Debo terminar este breve y sentido comentario citando algunas actuaciones oficiales que muestran de forma meridiana el amor por Zamora de Octavio.

Pregonero de la fiesta del Toro Enmaromado de Benavente, de la fiesta de Las Victorias de Puebla, de la Feria del Ajo y de la Cerámica de Zamora, de la Semana Santa, en Zamora, en el Ateneo de Madrid y en la Casa de Zamora en Madrid… Concluyo señalando que ha presentado varios libros en Zamora y que es miembro reconocido e ilustre del Instituto de Estudios Zamoranos «Florián d’Ocampo. Sus méritos son, naturalmente mucho más numerosos.